Prometeo: ¿de qué nos sirve el fuego?

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En el mundo actual, se nos ha vendido la idea de que, con cada nuevo invento y cada nueva herramienta, ahora sí vamos a vivir mejor; se nos ha hecho creer que, con los avances científicos y tecnológicos, nos va a sobrar tiempo.

Los griegos contaban una historia, un mito, que puede ayudarnos a pensar en esto. Y aunque sus protagonistas sean dioses y titanes, conviene prestar atención, porque a veces uno empieza leyendo sobre el Olimpo y termina encontrándose consigo mismo, y precisamente esta es la invitación que quiero hacerte al volver a los mitos.

Un robo que todavía nos concierne

Prometeo robó el fuego a Zeus; pero antes de contarte el mito como tal, me gustaría contarte un poco quién fue este personaje que ha pasado a la historia como aquel titán que desafío a los dioses del Olimpo.

Prometeo era un titán, hijo de Jápeto, perteneciente a una estirpe divina anterior a los dioses del Olimpo. Según cuenta Hesíodo, cuando dioses y hombres debían establecer qué parte de los animales sacrificados correspondería a cada uno, Prometeo repartió un buey en dos porciones: en una ocultó la carne y las vísceras bajo una cubierta poco atractiva; en la otra dispuso los huesos recubiertos de una grasa apetitosa, con esta artimaña pretendía reservar para los seres humanos la parte comestible y dejar a los dioses los huesos. Zeus advirtió el engaño y, enfurecido, negó el fuego a los mortales. Este relato hace suponer que, el fuego estaba bajo el dominio divino y Zeus podía impedir que los hombres dispusieran de él, con su ausencia los mantenía en una condición de privación y dependencia.

Prometeo volvió entonces a intervenir: robó el fuego y lo llevó escondido en el tallo hueco de una planta de hinojo, con ello le daba a los hombres la posibilidad de calentarse, cocinar los alimentos, iluminar la oscuridad y, con el desarrollo de las técnicas, trabajar los metales. Entregar el fuego era poner en manos humanas una capacidad para transformar su propia existencia, entregar el fuego era dar a los mortales un poder que Zeus les había negado.

El castigo por semejante osadía fue terrible, Zeus lo hizo encadenar y envió un águila que devoraba su hígado durante el día; pero Prometeo era inmortal, la muerte no llegaba a poner fin al sufrimiento: durante la noche, el órgano volvía a crecer y, al día siguiente, el tormento comenzaba de nuevo. Había acercado el fuego a los seres humanos, pero él quedaba sujeto a un dolor del que no podía liberarse.

Este mito, puede resultar para nosotros algo muy insignificante, ¿qué de extraordinario puede tener robar el fuego a los dioses, cuando nosotros hoy estamos acostumbrados a encender la estufa apretando un botón y girando una perilla? Si lo vemos desde esta perspectiva, el fuego puede parecer poca cosa; pero te invito a que pienses en un escenario distinto, imagina el frío, la oscuridad y la posibilidad de reunirnos alrededor de una llama; tener fuego significaba disponer de un poder capaz de cambiar la vida y, precisamente por eso vale la pena preguntarnos qué hacemos cuando recibimos un poder nuevo.

Ya sabemos fabricar; ahora falta convivir

En el diálogo de Protágoras de Platón, el personaje que da nombre al diálogo, cuenta una versión especialmente sugerente: Prometeo entrega a los seres humanos el fuego y los saberes técnicos, pero estos carecen todavía del saber político necesario para convivir. Zeus envía entonces, mediante Hermes, el respeto y la justicia. ¿Qué nos quiere decir Platón en la narración de Protágoras con esto? Parece que aprender a resolver las dificultades materiales de la existencia no resuelve, por sí mismo, las dificultades de vivir juntos. Te propongo unos ejemplos para que pensemos juntos en esto: podemos aprender a manejar un teléfono lleno de funciones y seguir sin saber cómo pedir perdón. Podemos encontrar información sobre casi cualquier asunto y tener muy poca disposición para reconocer que estamos equivocados. Incluso podemos discutir durante horas con un desconocido en una pantalla mientras dejamos esperando a quien está sentado frente a nosotros. Claro que sería injusto culpar al teléfono por todo eso y también sería demasiado cómodo decir que con el simple hecho de apagarlo, estaríamos convertidos en mejores personas. Ojalá fuera tan fácil.

¿Hacia dónde dirigimos lo que podemos hacer?

Ahora te propongo leer el mito desde esta inquietud: nuestras capacidades necesitan una orientación. Cuando conseguimos hacer algo que antes era imposible, aparece también la responsabilidad de pensar si conviene hacerlo, para qué y a costa de quién.

Ahora pienso en una pregunta que considero toca el fondo de la Ontonomía: ¿cómo orientar nuestras posibilidades hacia aquello que favorece nuestro ser y el de quienes comparten la vida con nosotros? Porque el otro también está ahí y muchas veces queda fuera de nuestros planes, aunque vaya a recibir sus consecuencias. Tal vez por eso vale la pena volver a Prometeo y después de admirar su audacia y estremecernos ante su castigo, podemos mirar lo que tenemos entre las manos: conocimientos, herramientas, palabras, decisiones. Y ante esto, preguntarnos con honestidad: ¿con todo esto que puedo hacer? ¿Qué clase de vida estoy construyendo? ¿Qué lugar tienen los demás en ella? ¿A cuántos he dejado fuera con los avances que considero mejoran mi vida?

Por último quisiera que te quedaras con esta aseveración: Los seres humanos vivimos en casas, dormimos bajo el mismo techo que otros, a veces comemos en la misma mesa, nos trasladamos en el mismo automóvil; pero cada uno en su mundo, en su espacio, metido en la inmediatez de su yo. Que humanidad tan triste tenemos hoy, ¿no lo crees?

Y quizá, sin haber caído en la cuenta, vivimos algo semejante al castigo de Prometeo: cada día volvemos a una rutina que nos consume y que al día siguiente comienza de nuevo. Tenemos el fuego, tenemos las herramientas, tenemos la posibilidad de acercarnos; pero seguimos posponiendo el encuentro. Mientras tanto, aquellos con quienes queríamos compartir una vida van aprendiendo a vivir sin nosotros, aunque sigamos bajo el mismo techo.


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